Carta de Begoña Valderrama, Antigua Alumna Bérriz
Soy Begoña Valderrama Falero, orgullosa antigua alumna del colegio Bérriz. Siempre se dice que todos somos la suma de nuestras vivencias, y está claro que una parte importante de lo que soy hoy nació en el Bérriz.
Mi paso por el colegio fue, sobre todo, bonito y muy divertido. Todos los festivales, los recreos, las excursiones, la hermandad con mis compañeros de clase y que mi curso fuera el primero mixto del colegio (os podéis imaginar la revolución), hicieron cada día especial. Pero lo que más me gusta recordar es que allí éramos todos iguales sin que nadie nos lo tuviera que recordar. Éramos inocentes y revoltosos, y las monjas y profes nos guiaban con paciencia, intentando que fuéramos siempre buenas personas y buenos alumnos (aunque en lo segundo no siempre tuviesen el éxito esperado).
Hoy puedo decir con orgullo que mis mejores amigos de hoy ya lo eran en el Bérriz (nos reencontramos en un encuentro organizado por la Asociación de Antiguos Alumnos) y eso es un regalo difícil de superar.
Aunque sólo estudié en el Bérriz hasta 8º de EGB, fueron años tan importantes para mí, que a veces siento que estuve allí toda la vida.
Recuerdo con cariño las clases de pretecnología con Mercedes, tejiendo, pintando y creando objetos que sólo unos padres podrían identificar y que, aun así, llevábamos a casa como auténticas obras maestras (afortunadamente, por entonces no trabajábamos la purpurina, que he padecido sin piedad en la etapa escolar de mi hija Belén).
Una de las fotos que comparto hoy es de una de las inolvidables obras de teatro que hacíamos con Paquita. Además de divertirnos de lo lindo, las vivíamos como actores de verdad y ahora sé que prepararon el terreno para la seguridad y confianza que tenemos hoy, enseñándonos a movernos y a hablar en público con soltura, una lección que no tiene precio.
También me acuerdo de las clases de matemáticas con Carmina, naturales con Flor, sociales con Rosa Freixas, inglés con Isabel… Pero tengo un lugar especial en el corazón para Ana Mendoza, siempre amorosa y comprensiva, que nos entendía y nos guiaba sin perder nunca la sonrisa.
El colegio era nuestra casa, y después del comedor siempre pasábamos un rato por la capilla porque, aunque no fuéramos a rezar, siempre fue un lugar acogedor y cálido.
Otro de mis lugares favoritos era la biblioteca, donde descubrí libros como los de Los 5, Torres de Mallory, y tantos otros que nos recomendaba Remedios nuestra queridísima bibliotecaria a la que llamábamos con cariño “Sra. Bird”.
No puedo evitar sonreír recordando todo lo que viví en el Bérriz: los valores que me inculcaron -esfuerzo, respeto, humildad, compañerismo– y, sobre todo, la huella profunda de las personas con las que compartí esa etapa. Ese espíritu del colegio permanece en mí y se refleja cada día en cómo me relaciono con los demás, en mi trabajo y, en definitiva, en mi forma de vivir.
Begoña Valderrama Falero
Antigua Alumna del Colegio Bérriz (Promoción 1990)




