Carta de Beatriz Mendes, Antigua Alumna Bérriz
Los ojos que acompañaban las palabras de felicitación ante la nueva etapa decían algo diferente: escondían confusión y compasión.
Para muchos es difícil entender el salto de Madrid (¿la mejor ciudad del mundo?) a Bruselas (nada que añadir). Pasar del alboroto y el frenesí constante de una gran ciudad mediterránea a la tranquilidad y la pausa de una ciudad mediana del norte de Europa. Por no hablar del cielo gris, la ausencia de luz, la comida.
Basta una cerveza en Chez Franz, unos mejillones en Chez Léon y un concierto de jazz en The Music Village para entrar en sintonía con una ciudad que es mucho más que un cielo gris y un plato de mejillones servidos con una cerveza de 8 grados.
Pocas capitales cuentan con parques que se confunden con bosques kilométricos donde, si te echas a andar, acabas cambiando de país.
Además, Bruselas no es rencorosa ni posesiva y, si te cansas, te da el espacio y las facilidades para salir a París, Londres o Ámsterdam en menos de dos horas. Es acogedora, tanto que, si como yo llegas con ganas de aprender francés, te llevarás la sorpresa de escuchar todo tipo de lenguas, empezando por el español.
Como corazón de Europa, su gente es entusiasta, crítica y decidida a poner su granito de arena en cualquier proyecto que se le ponga por delante. Es por eso que, profesionalmente, tienes también todo tipo de oportunidades.
Vivir aquí está siendo una buena experiencia que recomiendo a todo el que tenga buena disposición y esté abierto a abrazar nuevas formas de vida sin anclarse en las de siempre.
Una amiga (del Bérriz, por cierto) que lleva ya aquí varios años me dijo: “Brussels grows on you”. Como en muchas cosas, querida Teresa, llevas razón.
Beatriz Mendes
Antigua Alumna del Colegio Bérriz (Promoción 2011)




