«Para que nos sirve el arte», por Mónica Florensa (Antigua Alumna Bérriz 1983)
El otro día un amigo, al que llamaré Diego, me preguntó por qué una persona gastaba su dinero en montar una discográfica de una música muy poco comercial, organizando, además, una fiesta donde todos estaban invitados. Yo le comenté que era su pasión, que desde hacía años soñaba con poner en la calle discos de músicos poco conocidos que siempre le habían gustado. ¿Un capricho, un impulso o una necesidad de compartir su pasión?
Yo le comenté a Diego que él también gastaba tiempo y dinero en sus pasiones, como esquiar, comprándose todo lo necesario para hacerlo, que no es nada barato, para bajar por las pendientes de las Dolomitas o, aún más costoso, por las pistas infinitas de Japón.
Mi amigo se sorprendió aún más cuando le conté que un músico con el que trabajo desde hace años, que además tiene una compañía de teatro, decidió dedicar la herencia sustanciosa de su abuela no en algo rentable para asegurar el futuro de su familia, sino en montar un musical sobre la intensa vida de ella. De joven, su abuela tuvo que emigrar primero a Cuba y luego a Estados Unidos. Un espectáculo arriesgado, ambicioso en el montaje, de mucha implicación artística, que no busca en primera instancia la remuneración sino poder contar una historia que el considera que tiene que ser narrada, con música, dirección y texto, originales. Como productor se quiere rodear de compañeros y buenos artistas para crear lo que considera que se merece la historia de su abuela. Todo un reto, que quiere estrenar en Cádiz, de donde era su abuela, para llevarlo después a Cuba y Estados Unidos.
A Diego le cuesta entenderlo, su mente es práctica y en cierta manera conservadora, él no arriesgaría tanto dinero en algo que no le asegurara algún beneficio económico. Por suerte el ser humano es diverso, y gracias al riesgo de ciertos artistas, podemos disfrutar de la belleza que tanto nos ayuda a conseguir algo de felicidad.
Esta cuestión también me la planteó un alumno, intrigado por cómo se monetizaba una obra de teatro. Pregunta delicada de responder, ya que muchos de los grupos que ponen en pie un espectáculo buscan sobre todo el desarrollo en el ámbito artístico para dar vida a algo que no existe más que en sus cabezas y que necesitan sacar adelante. Con toda la pasión acumulada, están convencidos de estar en posesión de una gran idea que gustará a muchos, algo revelador en un mundo escaso de belleza y verdad. Con esa fuerza se arman muchos proyectos, y con esta sinceridad logran llegar a su público, escaso en algunos casos, que los admira por su valentía.
¿Son necesarios? Yo creo que sí; nos hacen algo más felices. La Belleza, el Arte, son parte de nuestra vida, nos regalan momentos especiales que recordaremos el resto de nuestros días. Momentos de paz, armonía, serenidad, pero también de reflexión, alegría, tensión, euforia y divertimento.
Para terminar, me gustaría citaros un párrafo de la grandiosa novela de Víctor Hugo, Los Miserables, en la que el obispo Monseñor Bienvenu, responde a una sugerencia de la señora Magloire con la que vive:
– Monseñor, vos que sacáis partido de todo, tenéis ahí un cuadro de tierra inútil. Más valdría que eso produjera frutos que no flores.
– Señora Magloire- respondió el obispo-, os engañáis: lo bello vale tanto como lo útil.
Y añadió después de una pausa:
– Tal vez más.
Mónica Florensa
Madrid, octubre de 2024




